
“¿Qué peste?”, exclama un irkutiano al mencionarse la crisis epidemiológica que ha llevado a esta pequeña ciudad de Siberia, próxima a Mongolia, a las portadas la última semana. “¿Acaso ves que lleve mascarilla?”, remarca enfadada la dependienta de una farmacia cuando se le pregunta si ha notado preocupación estos días ante las noticias de cuarentenas y la muerte de una empleada de un laboratorio. “Lo que digan las autoridades, lo obedeceremos. Todos obedecemos a las autoridades”, manifiestan dos ancianas que se columpian despreocupadas en un parque de Shélejov, el suburbio al que su propio gobernador recomendó no ir por “una infección particularmente peligrosa”.


