Daniel Barenboim cenaba el 14 de noviembre de 1981 con unos amigos en la Sala La Paloma, de Barcelona, tras dirigir un concierto en el Palau; y uno de ellos, ya mediados los postres, le insistió: “Por favor, toca algo al piano”. El pianista y director de orquesta se resistía, pero acabó aceptando. Se levantó de la mesa y se encaminó hacia el radiante instrumento situado en un rincón. Tras sentarse en la banqueta y destapar el teclado, se le acercó un camarero y le dijo: “Lo siento, señor, pero este piano es solo para profesionales”.
El maltrato a los directores de orquesta

July 1, 2026
elpais.com
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