
“¡Puede haber personas atrapadas en el fuego!”, vocifera el jefe de los bomberos, entre el calor y con hidroaviones volando por un espacio natural protegido de Nea Makri (Grecia). Hay que avanzar con cuidado y velocidad entre la selva de pinos, desplegar las mangueras y atender a un compañero herido. Varios brigadistas empapan la zona mientras otros lo trasladan en camilla. El coronel teniente Vasileios Bikas, el máximo responsable del servicio griego de bomberos, se acerca y juzga: “Está bien… solo necesita una cerveza”. Risas. Así concluye el simulacro en el que bomberos rumanos han practicado cómo reaccionar ante incendios como los gravísimos que sacuden cada verano al sur de Europa.






