Todo cambia, pero algunas costumbres no. Que se lo digan a Novak Djokovic, el hombre feliz que este martes estruja otra vez el trofeo de Pekín, el séptimo, no vaya a ser que alguien pueda quitárselo. Lo aprecia demasiado. Podría pensarse que es uno más en el larguísimo listado del serbio, pero no es así. Es un 500, otro de tantos. Aunque para él vale oro: “Estoy lleno de alegría”. Hasta al mejor tenista de todos los tiempos le llegan los vértigos y él, 39 años de pura grandeza, sigue rebelándose. ¿Cómo? A su manera: ganando. Son ya 21 temporadas sucesivas festejando al menos un título y otro éxito en la capital china, donde no jugaba desde 2015 y aún no conoce el error: 34 triunfos, ninguna derrota. Im-pre-sio-nante.
LA CARRERA POR TURÍN SE ABRE
El anuncio de Sinner, que no competirá en lo que resta de temporada, abre el escenario de cara a lograr una plaza para la Copa de Maestros de Turín. El italiano, lesionado de la rodilla, tenía asegurada una plaza, al igual que Alcaraz y Zverev, así que su ausencia plantea una interesante pugna.
Lo tiene cerca Ben Shelton, cuarto en la carrera anual, y Flavio Cobolli, Frances Tiafoe, Arthur Fils y Daniil Medvedev están bien posicionados. Completa hoy día el cupo de las ocho plazas el propio Djokovic, al que le siguen De Miñaur y el madrileño Rafa Jódar, todavía con posibilidades.
La dinámica del español era muy positiva, pero su rendimiento a partir del US Open le ha penalizado. Cayó a la primera en Nueva York y después en Tokio, de modo que debería brillar tanto en Shanghái como en París. Otras opciones son las de Taylor Fritz, Jakub Mensik, Tommy Paul o Felix Auger-Aliassime.
Además de Sinner, las posibles bajas de última hora —o bien renuncias, como la de Djokovic en 2025— podrían modificar la relación definitiva de clasificados. El italiano venció en las dos últimas ediciones, disputadas ambas bajo el techo de Turín.


