
Sentados frente a un libro, dos estudiantes ucranios intentan responder en castellano a las preguntas de su profesora. Conversan, se ríen y se traducen entre sí. Uno de ellos, que ya habla con más fluidez, se pregunta una y otra vez por qué su familia no abandona Ucrania, mientras el otro se lleva las manos a la cabeza, se quita las gafas y ordena en silencio las palabras que intenta que salgan de su boca.



