
Rafa Botella lleva un tiempo meditando. Descubrió las filosofías orientales, el flujo natural del tao chino, y se volcó en su conocimiento. Su conversación discurre como una corriente continua, tranquila y reflexiva, incluso cuando recuerda sus años desenfrenados, las noches vertiginosas de música hardcore y drogas, entronizado como uno de los príncipes de la discoteca del momento, uno de los jóvenes más populares de su pueblo, Simat de la Valldigna, a 55 kilómetros de Valencia.





