
Mónica Sánchez vivió la primera mitad del embarazo de su segunda hija, Irene, con la felicidad de quien siente que todo va bien. Hasta que una ecografía reveló, en la semana 20, que algo ocurría en el cerebro en desarrollo de la pequeña. “Sin saberlo, me había infectado de citomegalovirus [CMV] en el primer trimestre y la niña había sufrido daños”, cuenta esta técnica de radioterapia de 47 años que vive en Las Rozas (Madrid).
