
“Hacemos protestas pacíficas para llamar la atención de la emergencia climática, pero nos tratan como si fuéramos terroristas”. Alba del Río, de 25 años, se quejaba amargamente el pasado miércoles antes de entrar a uno de los juicios a los que se enfrenta por su activismo radical en Futuro Vegetal, una organización ambiental de desobediencia civil. Del Río se pegó al marco de una maja de Goya en el Museo del Prado y protestó en la tribuna del Congreso, aunque el proceso de esta semana es por colarse en las pistas del aeropuerto de Barajas. Se pegaron al asfalto y se los detuvo por delitos de desórdenes públicos, daños y contra la seguridad aérea. El juez ha absuelto a los tres imputados (dos activistas y un periodista), que todavía tienen pendiente una posible multa administrativa de 90.000 euros, mientras la policía mantiene la investigación al colectivo como organización criminal.




