
En octubre, todo es rosa. Los edificios, los enormes carteles de publicidad, los spots de televisión, las publicaciones en Instagram y hasta el lazo perfectamente ubicado en la americana de altas autoridades europeas, como el de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. Casi ni hace falta mencionarlo, pero ese color, en esta época del año, solo puede significar una cosa: la lucha contra el cáncer de mama. Está instalado en el inconsciente colectivo. Se asume que todas las empresas que se suman a esta iniciativa apoyan, de alguna manera, a las mujeres que son diagnosticadas con la enfermedad, 37.000 cada año en el caso de España. Pero esto no siempre es así. Diferentes organizaciones llevan años cuestionando a las marcas que impulsan campañas para incentivar la compra de productos de edición especial, pero que solo donan porcentajes mínimos a las asociaciones o que lanzan un mensaje esperanzador, centrado en la prevención, sin hablar de las 18 mujeres que mueren al día por cáncer de mama en España o sin incluir los reclamos de las pacientes.



