A Bob Dylan varios artistas le han comparado con Picasso y casi todos lo hicieron para recordar que, más allá de sus logros comerciales y su presencia en momentos históricos fascinantes de la música popular del siglo XX, se le estudiará como músico y letrista dentro de un siglo, tal y como se hace ahora con Beethoven o Mozart. Uno de ellos era Leonard Cohen, quien dijo que el premio Nobel de Literatura concedido al autor de ‘Like a Rolling Stone’ era como “ponerle una medalla al Everest” y, antes de recibir ese galardón literario que ningún músico ha conseguido, afirmó que un artista como él surge “cada dos o tres siglos”. Por eso, toda aproximación a una figura tan vasta e influyente siempre parecerá insuficiente, más aún cuando ese ser, de nombre real Robert Allen Zimmerman, aprendió desde bien joven a convertirse en enigmático. A ser una pura incógnita. Porque, si hay algo que a veces puede atraer más que la obra de Dylan, es su leyenda. Todo lo que él mejor que nadie se ha encargado de fomentar desde que llegó a un Nueva York nevado en enero de 1961 con la esperanza de ver a su ídolo, el gigantesco Woody Guthrie.

Número cero. Bob Dylan: retrato de un hombre invisible
Eduardo Jordá
Libros del Asteroide, 2026
120 páginas. 13,95 euros
El chico del norte
Sam Sussman
Traducción de Ignacio Gómez Calvo
Siruela, 2026
336 páginas. 23,95 euros


