En esta fábula hiperrealista, un narrador impertérrito cuenta en presente todo lo que se ve y se oye, como una máquina que registrara sin pasión la fisonomía del mundo, sus objetos, sus sonidos, sus habitantes en cambio permanente. Como en el viejo nouveau roman de los años cincuenta (la que se llamó no por casualidad école du régard), aquí todo aparece sin mediación subjetiva, como un simulacro de objetividad en el que la omnisciencia del ya vetusto narrador supremo ha sido sustituida por la de sumisión al punto de vista de distintos personajes. José Ovejero ha adoptado estas estrategias para desarrollar una situación propia de una novela de denuncia social: la prepotente crueldad de los opulentos frente a la indefensión de quienes están privados de casi todo. Gracias a la narración constatativa, el lector es testigo visual y auditivo de cómo surge y se agiganta el conflicto entre una familia altoburguesa formada por Antón, Mónica y el pequeño Luis, por un lado, y el vagabundo Fritz, por otro. O quizá habría que precisar entre Antón, con su arrogante y grosero sentido de la identidad asociado a sus posesiones (su mujer, su hijo, su coche, su privacidad, su estatus social…) y el trotamundos Fritz, con su indigencia leve y su falta de arraigo.

Bajo la luna negra
José Ovejero
Galaxia Gutenberg, 2026
176 páginas. 17 euros


