Hay algo estrambótico en el hecho de que un secretario técnico se vea obligado a pedir perdón por señalar a Lamine Yamal como su favorito para ganar el próximo Balón de Oro. No es un aficionado cualquiera: se le presupone conocimiento, se le intuye buen gusto y de su cargo se espera que todas las decisiones adoptadas estén respaldadas por razones más o menos poderosas, más o menos objetivas. Imaginen al bueno de Monchi —se dice mucho esto de “el bueno de Monchi” en las tertulias, supongo que será cierto— defendiendo que el máximo trofeo individual de este deporte debería ser para Dayot Upamecano. O para Julián Quiñones. Ahora imaginen la cara del propietario del Espanyol la próxima vez que Monchi acudiera a su despacho para decirle que acaba de encontrar a la nueva perla del fútbol mundial y que habrá que rascarse el bolsillo.
Perdón por Lamine Yamal

October 1, 2026
elpais.com
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