“La pizarra es el cimiento de toda carrera sólida en el flamenco”. La sentencia es de Juan Valderrama, hijo del legendario cantaor del que hereda nombre, apellido y una común afición por las grabaciones en discos de pizarra o de 78 r. p. m., un periodo que alcanza su esplendor en las primeras décadas del pasado siglo y recoge el legado de maestros como Chacón, Torre o La Niña de los Peines, entre otros. “El flamenco es un arte que conserva su primitivismo, su partitura virgen, mientras dura la transmisión oral. El gramófono cambiará las cosas, todos los cantaores escuchan a todos los cantaores y comienzan las versiones, por lo que el sabor del cante auténtico está ahí”. Valderrama ha asesorado la penúltima obra inspirada en esas grabaciones, Pizarra, un recital por ahora, que presenta un cantaor de tradición, Alonso Núñez “Rancapino Chico” en la XXIV edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla.

Alicia Morales
Honores a Antonio Pozo “El Mochuelo”
Autoeditado


