
La enorme montaña blanca de residuos que durante décadas ha ocupado las marismas del río Tinto, convertida para muchos onubenses en un monumento a la desidia ambiental y a un modelo industrial que antepuso la producción a la conservación del entorno, vuelve a situarse bajo el foco. El último informe de la Dirección General de la Costa y el Mar, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, detecta problemas de estabilidad y posibles filtraciones en las obras de clausura de las balsas de fosfoyesos. Este documento al que ha accedido EL PAÍS, fechado el 30 de julio de 2026 y remitido a la Audiencia Nacional, supone un nuevo argumento para quienes llevan años cuestionando el proyecto de clausura de las balsas de residuos y de la restauración de las marismas que debe acometer por orden judicial la empresa Fertiberia.


