
Francia ha vivido el verano más caluroso de su historia. Desde mayo ha encadenado olas de calor que han elevado la temperatura hasta rozar los 43 grados en un país que no está preparado para el calor extremo, especialmente en la parte norte. “Francia se está convirtiendo en España”, lanzó el ministro de Trabajo, Jean-Pierre Farandou (Burdeos, 69 años), el pasado junio. “Pero en Madrid, con 40 grados, la sociedad sigue funcionando”, subraya tres meses después en su despacho, durante una entrevista con EL PAÍS.



