
El pequeño Pau, de seis años, transita un camino de incertidumbres. Toda su vida lo es. El crío sufre una encefalopatía epiléptica del desarrollo asociada al gen SCN2A, una dolencia muy poco frecuente que provoca epilepsia, autismo y déficit cognitivo; una enfermedad para la que no hay cura ni certezas sobre su evolución a largo plazo. “Pau es una bendición y te enseña mucho. Te enseña que el futuro no existe: hoy estamos bien y mañana ya veremos”, desliza su madre, Mar Pérez-Quintanilla, sin quitarle la vista al niño, que juega entretenido, ajeno a todo, en el salón de su casa de Sant Cugat (Barcelona).




