En el primer párrafo de Casa desolada, publicada entre 1852 y 1853, Charles Dickens utiliza un Megalosaurus para acentuar el dramatismo de un Londres cubierto de barro y humo, sobre el que cae perpetuamente una llovizna “blanda y negra”. Con este depredador bípedo de nueve metros de largo y una tonelada de peso que vivió hace 166 millones de años, Dickens fija la atmósfera densa de la novela, un recurso que muestra hasta qué punto la figura del dinosaurio estaba ya incorporada en la cultura popular. Sin embargo, de Casa desolada a Jurassic Park —y a la taza de café con tres dinosaurios al lado de la cual se ha escrito esta reseña— hay un largo recorrido, cuyo primer paso fue aceptar que en un pasado remoto la Tierra estuvo dominada por estos monstruos colosales, en contra de la creencia establecida que emanaba de la Biblia y que proyectaba un mundo natural armonioso e inmutable.

Dinosaurios en la cena
Edward Dolnick
Traducción de Juanjo Estrella González
Península, 2026
424 páginas. 23,90


