El pasado domingo, Carlos Alcaraz irrumpió en el MetLife Stadium de Nueva Jersey envuelto en un traje de color marfil y portando un cofrecillo en cuyo interior se ocultaba la Copa del Mundo de fútbol. También, con una sonrisa de oreja a oreja. Magnífica señal en un deportista especial y diferente, que vive, sueña y compite de la misma forma: bajo el lema de la diversión. Después de más de tres meses en la reserva, debido a la lesión que se produjo en la muñeca derecha en la última edición del Godó, el tenista (23 años) por fin comienza a ver la luz y la buena evolución se refleja en su rostro. Nada que ver el gesto del 15 de abril (en Barcelona) con el del 19 de julio (en Nueva York).
EL LARGO PASEO DE SINNER
Alcaraz ha perdido una sustanciosa cifra de puntos desde la baja de abril. En concreto, son 5.080, lo que le ha costado descender del segundo al tercer puesto de la clasificación mundial. Gracias al éxito en Roland Garros y la progresión en Wimbledon, el alemán Alexander Zverev le adelantó.
El español empezó el curso como un tiro, conquistando el Open de Australia y triunfando poco después en Doha. Sin embargo, a partir de marzo Sinner fue agrandándose y se impuso en los tres escenarios en los que ambos coincidieron a partir de ahí: Indian Wells, Miami y Montecarlo, todos de categoría 1000.
En Barcelona podía haber recuperado el trono, pero el disgusto de la muñeca coincidió con el acelerón abrumador de Sinner. El italiano ganó Madrid, Roma y Wimbledon a continuación; tan solo se le resistió Roland Garros, debido al colapso físico que sufrió cuando era el gran favorito.
A excepción de París, se ha adjudicado todos los torneos de relevancia desde la primavera. A partir del paso por Indian Wells, el líder del circuito ha vencido en 37 de los 38 partidos que ha jugado. Entre él y Alcaraz, solo un duelo en 2026, la final de Montecarlo. En el global, el murciano domina por 10-7.


