A veces se me olvida que hay gente que odia visceralmente a Messi, gente adulta, personas que crían a sus hijos en comunión con el Señor y cenan pizza los domingos, casi como una persona normal. Sin embargo, en cuanto ven a Lionel aparecer por la puerta de chiqueros se transforman en algo parecido a ese señor —de nombre Juan Ramón Constante, por cierto— que baja cada día a tomarse un vino con mi padre en el chiringuito del puerto y no puede evitar ponerse hecho un basilisco en cuanto ve aparecer a Karlos Arguiñano en la pantalla de televisión. “Pues sí que eres constante, Juan Ramón”, suele canturrear el dueño del local mientras el otro insulta a medio pueblo vasco.
Odiar a Messi, odiar a Arguiñano
July 12, 2026
elpais.com
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